El Mercurio de Valparaíso es el periódico en circulación más antiguo de Chile y del mundo en lengua castellana  publicado a partir de septiembre de 1827.

Junto a los tipógrafos Tomás G. Wells, norteamericano, e Ignacio Silva Medina, Pedro Félix Vicuña fundó El Mercurio de Valparaíso, cuyo primer número salió a la calle el miércoles 12 de septiembre de 1827.

El mismo Vicuña lo dejó así establecido en una carta al editor, publicada en el El Mercurio el 16 de julio de 1870, al señalar:

… Yo fui el fundador de este diario y di la mitad de los fondos sin interés alguno para establecerlo. En mi juventud yo redacté los primeros números y lo bauticé con el nombre que lleva; he sido en todas épocas su constante colaborador y mis hijos y yo sufrimos acusaciones en defensa de la justicia que sus columnas registraban, de las que salimos siempre victoriosos.

En el año 1829, Pedro Félix Vicuña vendió su participación en el periódico y se trasladó a Santiago donde fundó el diario El Censor, siguiendo después una dilatada trayectoria política y fundando otras publicaciones de efímera vida.

Entre 1840 y 1842 su propietario fue don Manuel Rivadeneyra, quien lo vendió a los empresarios José Santos Tornero, español avecindado en Valparaíso y fundador de la primera librería pública de Chile (y más tarde de una cadena de librerías que cubría las principales ciudades) y José Vicente Sánchez, el 1 de septiembre de 1842. Posteriormente Sánchez se retira de la sociedad. También fue socio su hermano Eusebio Tornero entre 1851 y 1860.

Desde 1842 hasta 1875 Santos Tornero y sus hijos dirigieron El Mercurio pasando de ser una publicación que aparecía dos veces a la semana a ser un verdadero diario. Por eso Benjamín Vicuña Mackenna lo considera, “El verdadero fundador de El Mercurio, como diario político, social y cosmopolita.”. Julio Pérez Canto en su folleto “El periodismo en Chile” afirma que Tornero, “señaló y marcó los nuevos rumbos del periodismo nacional” con la “clara comprensión que de los deberes de la prensa tenía”.

Francisco Antonio Encina en su “Historia de Chile” expresa que, “El progreso de la industria gráfica y el desarrollo que durante este período tuvieron en Chile las editoriales, fue la obra de dos españoles: Don Manuel Rivadeneyra, quien lo dirigió durante dos años, y don Santos Tornero.” Y más adelante agrega, “Tornero levantó a El Mercurio a una prosperidad comercial que le permitió independizarse del favor gubernativo, al mismo tiempo que daba vuelo al negocio editorial y de librería.”

Durante los 22 años (1842-1864) en que tuvo bajo su dirección El Mercurio pasaron por su redacción periodistas y literatos chilenos y extranjeros (Sarmiento, Alberdi) del más alto nivel, Tornero entendía que no bastaba que el editor-director fuese serio y honorable sino que también el redactor, que seguía sus indicaciones en la columna editorial, debía poseer un gran prestigio como hombre de letras y una amplia cultura. Creó en este aspecto una honrosa tradición que hasta hoy el diario mantiene.

La directa intervención de don Santos Tornero en el desarrollo y progreso de El Mercurio como diario de gran credibilidad y difusión fue tan brillante que se le puede considerar como su auténtico mentor y creador, a pesar de no haberlo fundado. Le dio al diario todas las características que lo transformaron en aquella época en un gran diario y que hoy conserva con señorío en medio de la modernidad. En 1851 señalaba en un editorial, “Para ser apóstol de la verdad, defensor de la ley y del orden, y promovedor infatigable del progreso nacional, no es preciso decir el nombre de pila. El Mercurio tiene marcada la huella de su destino: no se desviará de ella.”.

Decía en 1860 don Santos, “El Mercurio, que no tiene otra bandera que la tricolor de la República, que no es diario pasionario sino de la nación chilena, debe ser independiente y lo será bajo mi dirección. Sin arrastrarse ante el poder, ni atacarlo ciegamente, dará paso a la verdad, sosteniendo en toda circunstancia la conveniencia general, la justicia y el derecho.”

En otro editorial del 2 de julio de 1860 explicaba, “Huirá El Mercurio, con el mayor cuidado, de toda discusión política, pues sabe muy bien que sería peligroso para él ocuparse de tan delicada materia en las circunstancias del país, y el día en que la prensa entre nuevamente en el goce de sus derechos, protesta desde ahora El Mercurio que tratará de política sólo en el punto de vista digno y elevado que conviene a un diario serio e independiente.”

Imprenta de El Mercurio de Valparaíso (s. XIX).

El autor Raúl Silva Castro en su libro “Prensa y Periodismo en Chile” señala en la página 152, “Por las agitaciones políticas y por su ausencia reciente del país, que coincidió en parte con aquellas, el editor sentía que era preciso imprimir a la redacción la marcha que siempre había confiado darle: alejamiento de las luchas políticas más enconadas, defensa de la ilustración y del orden, esclarecimiento de cuestiones comerciales llamadas a asentar la prosperidad nacional sin exclusiones, tolerancia religiosa, etc. La tradición de El Mercurio, como puede verse por la enunciación de aquellos principios, comienza con Tornero.”

En 18754 es comprado el edificio por el acaudalado banquero Agustín Edwards Ossandón, para saldar deudas contraídas por Tornero, sin embargo no sería hasta 1877 que se haría cargo de todo el periódico, donde su hijo Agustín Edwards Ross sería el principal impulsor. Posteriormente Agustín Edwards Mac-Clure, funda en Santiago el diario El Mercurio (1900), que sería luego de algunos años, el principal diario de la empresa El Mercurio SAP.

En sus inicios, El Mercurio de Valparaíso aparecía solo los miércoles y los sábados. No había un equipo permanente de redactores; se alimentaba de las colaboraciones del fundador y de los amigos invitados a escribir.

A veces, estos improvisados redactores no poseían las mínimas habilidades para este desempeño y escribían hasta con faltas de ortografía. Este tipo de periódicos tenía una bajísima tirada, hecho que se derivaba de la escasez de papeles y tintas. Para los lectores, el problema se subsanaba con la siguiente práctica: un vecino que sabía leer compraba un ejemplar del diario y lo leía en público durante las tertulias.

Solo a partir del 5 de mayo de 1829, El Mercurio de Valparaíso inició sus ediciones diarias.

A veces, estos improvisados redactores no poseían las mínimas habilidades para este desempeño y escribían hasta con faltas de ortografía. Este tipo de periódicos tenía una bajísima tirada, hecho que se derivaba de la escasez de papeles y tintas. Para los lectores, el problema se subsanaba con la siguiente práctica: un vecino que sabía leer compraba un ejemplar del diario y lo leía en público durante las tertulias.

Solo a partir del 5 de mayo de 1829, El Mercurio de Valparaíso inició sus ediciones diarias.

A partir de 1848, se publica en el diario una columna denominada El Mercurio del Vapor, destinada a entregar noticias referentes a los barcos que arribaban y salían desde el puerto de Valparaíso. Con los años esta columna se transformó en un periódico aparte, que circuló hasta 1882.

Desde el 13 de agosto de 1853, hasta el 31 de diciembre de 1859, El Mercurio de Valparaíso editó un periódico de carácter regional, destinado a las provincias, denominado El Mercurio de Provincias.

La imprenta donde se imprimió el periódico desde sus comienzos en 1827, hasta 1838 estaba ubicada en el sector de la iglesia de La Matriz. Trasladándose en 1838 hacia el área de la Plazuela San Agustín. En 1841 se traslada hasta la calle de la Aduana (actual calle Prat) con la subida del Almendro (actual calle Urriola). Posteriormente se establece en la calle San Juan de Dios (actual calle Condell). En 1869, y hasta 1901 nuevamente se instala en la calle de la Aduana (Prat), mudándose ese año hasta la ubicación que ocupa actualmente en la calle Esmeralda 1002, en el céntrico sector comercial y financiero del barrio Puerto.

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