En el mundo cada vez será más difícil fumar fuera de casa. Unos lo leen con esperanza, otros con amargura, pero lo cierto es que la justicia norteamericana tiene ya pocas dudas desde que, a partir de 1998, se empezaron a firmar acuerdos multimillonarios a nivel estatal sobre el papel que han jugado los grandes fabricantes de cigarrillos. Esta industria, ha perpetrado el fraude más grande al pueblo americano en toda su historia. Ellos han mentido durante años y han matado a millones y millones de personas, y han obtenido beneficios con ello.

Yo como persona no puedo juzgar a nadie quien fume porque estaría ”predicando la moral en calzoncillos ‘‘, pero la realidad es que a pesar que caigo en categoría ‘Fumador X’ acepto que el cigarrillo es un caso malo y apestoso. Se preguntarán ¿porque entonces no lo he dejado? pero la realidad es que no lo he dejado porque para mi, baja muy bien después de una rica comida o con una rica cerveza y en ocasiones alivia ‘Stress’, si he pensado dejarlo miles de veces y hasta incluso lo he dejado por meses. Si quiero lo dejo, pero no he querido y lo que preocupa es que si sé que mata ¿por que lo hago?

Ningún cigarrillo es seguro. No debe presumirse que un cigarrillo es menos dañino que otro debido a factores como su sabor, intensidad, color de la cajetilla, o marca. Además, las referencias al contenido de nicotina, alquitrán y monóxido de carbono no indican la cantidad exacta que se inhala de estas sustancias, dado que la misma depende de la forma en que se fume

Por ello, no debería usted cambiar a otro tipo, sabor o intensidad de cigarrillos creyendo que con ello reducirá los riesgos que para su salud tiene el tabaco. Cambiar de cigarrillos no es un sustitutivo de dejar de fumar. Si usted desea reducir o eliminar los riesgos que fumar implica para su salud, dejar de fumar es la mejor opción para usted. Muchos fumadores han dejado de fumar sin ayuda, pero si usted tiene alguna dificultad para lograrlo, debería usted consultar a algún profesional de la salud el cual no creo que esa ayuda para mi sea útil pero si lo es para tí… mete mano.

Los Light y los bajos en alquitrán

Con este tipo de productos la industria trató de controlar el deseo psicológico de los fumadores de abandonar el hábito. Se trataba de cigarrillos que presentaban como más sanos pero que, en realidad, aportaban la misma cantidad de nicotina, lo que garantizaba la adicción. En un memorándum de Brown & Williamson de 1978 podía leerse: «Quizás la respuesta a la pregunta de cómo dejan de fumar las personas podría ayudarnos a tener otra visión sobre nuestros futuros objetivos. Teniendo las respuestas a este último interrogante podríamos diseñar productos para desanimar a las personas que están intentando dejar de fumar.

Los documentos internos de la industria muestran que sabían desde los años sesenta que los cigarrillos bajos en alquitrán no sólo no reducen el riesgo de contraer cáncer, sino que incluso pueden llegar a aumentarlo. Los productos elaborados permitían a los fumadores compensar y obtener aportaciones muy elevadas de nicotina y alquitrán, lo bastante altas como para crear y sostener la adicción.

La manipulación de la nicotina

La investigación sobre el poder adictivo de la nicotina y su manipulación para garantizar unos mayores efectos ha sido sin duda una constante oculta en las investigaciones de la industria. El Dr. William Farone, a partir de su experiencia personal en Philip Morris y como un experto en el diseño de cigarrillos, y el Dr. Jack Henningfield, a raíz de la revisión de miles de documentos de las tabaqueras para el gobierno, testificaron, entre otros, cómo las características de cada componente de los cigarrillos –el papel, el filtro y el proceso industrial– afectaban al aporte de nicotina, y de qué manera la industria utilizó esos conocimientos para el diseño de sus productos. «Fabricaban los cigarrillos con un objetivo central: asegurarse de que los fumadores obtuvieran bastante nicotina como para hacerse adictos». Parece demostrado que las tabaqueras, pensando en tales fines, utilizaron aditivos como el amoníaco para intensificar los efectos de la nicotina, sin que ello fuera detectado por la Administración norteamericana.

Marketing dirigido a los jóvenes

Las evidencias demuestran que, a pesar de los acuerdos del 98, en los que las compañías se comprometían a no situar a la juventud como objetivo de sus campañas, la realidad ha sido justamente la contraria. Este sector de la sociedad ha sido siempre y seguirá siendo el objetivo de una industria que es consciente de que sus clientes raramente comienzan a fumar pasados los 20 años. Basten algunos ejemplos. En un informe de 1981, dirigido por el Philip Morris Research Center, puede leerse: «el adolescente de hoy es el cliente potencial de mañana y, de hecho, la mayoría aplastante de fumadores empieza con el hábito cuando todavía son adolescentes». En la misma línea, un memorándum interno de R. J. Reynolds concluye que «la mayor parte de los fumadores comienza a fumar regularmente y selecciona una marca a/o antes de los 18 años». Lejos de disminuir, los gastos de la industria en publicidad y promoción han aumentado durante las últimas décadas, el último Cigarette Report de la Federal Trade Commission (FTC) –el departamento gubernamental que vela por los intereses de los consumidores muestra que la publicidad y el gasto promocional aumentaron en más de un 21% de 2002 a 2003, llegando hasta los 15 mil millones de dólares.

La supresión de información

«A lo largo de los últimos 50 años, –afirman los fiscales– los demandados han realizado esfuerzos conjuntos para destruir y ocultar documentos e información en función de los objetivos de sus compañías, que son los de impedir al público conocer la verdad sobre el impacto adverso del tabaco en la salud». Una estrategia que les sirvió además para tratar de borrar pruebas en el caso de que tuvieran que afrontar posibles pleitos judiciales, pero que finalmente fueron entregadas a millares a la Fiscalía. El procedimiento de ocultación se realizaba de diversas maneras:

Las compañías ordenaban directamente la destrucción de documentos para evitar que salieran fuera de sus instalaciones.

Las empresas animaron a sus empleados, particularmente a los científicos, a no crear documentos que contuvieran información sensible, particularmente la relacionada con la salud.Las tabaqueras empleaban a abogados para revisar los informes científicos y así asegurarse de que ningún dato comprometedor quedaba incluido en sus archivos.Dichas compañías estableció políticas especiales para enviar y recibir información científica confidencial. Las empresas utilizaron también a los bufetes de abogados a su servicio como almacenes para sus documentos secretos, en un esfuerzo por tratar de protegerlos de su posible reclamación por la justicia, aunque no estuvieran amparados por la confidencialidad entre abogado y cliente.

Las evidencias aportadas en el juicio confirmaron que muchas de las acciones para suprimir la información eran compartidas por todos los demandados.

La conspiración ha sido desvelada, pero eso no evitará que nuestra juventud siga siendo su principal objetivo. El dinero del tabaco fluye a través de demasiadas manos como para que el negocio de tabaco cierre. Los cigarrillos seguirán matando legalmente.