Dormí mucho tiempo. Vivía en una tierra donde la naturaleza era apreciada. Los primeros habitantes tenían mucho respeto por la naturaleza. Llamaban a la naturaleza por diferentes nombres, e incluso trataban diferentes áreas de la naturaleza como dioses. Les asignaban nombres, les rendían culto, y les temían mucho. El dios del fuego, el de la lluvia, etc.

Otro día me levante y habían civilizaciones. Lamentablemente, había guerras y la tierra se fue llenando de ignorancia. Aun así, muchos seguían llamando parte de la naturaleza por nombres de dioses. Muchos respetaban la naturaleza, y aunque había guerras, la vida humana en general era algo sagrado. Los dioses cegaban a algunas personas fanáticas de sus propios pensamientos. La libertad de expresión no valía nada. Esos fanáticos hacían lo que fuera por mantener el pueblo bajo su dominio.

Dormí de nuevo y al despertar me di cuenta que el mundo era distinto de nuevo. Las civilizaciones aceptaban la palabra de un pueblo. Era difícil, pero la libre expresión estaba comenzando a surgir. La gente se daba cuenta de las cosas usando la razón. Igual que surgía una cosa como esa, surgía la contaminación. Dejaron de creer en sus dioses porque se dieron cuenta de que no eran realmente dioses, y sin embargo al parecer también se dieron cuenta que la naturaleza no era un dios, y decidieron blasfemar en su contra. Decidieron quemar los árboles, construir carreteras largas, mansiones encima de bosques, etc. Decidieron hacer un “mundo mejor”.

Después de coger otra siesta me levante en un mundo donde ni el respeto por la naturaleza, ni por el humano, ni por la libertad de expresión existía. Desperté en una isla donde había sueños, donde había esperanzas en un pasado, pero al parecer todo eso desapareció. Desperté oyendo conversaciones que decían que el ser independiente podría llevarnos a ser tan pobres como islas cercanas como Haití, Cuba y Republica Dominicana. Desperté en un pueblo en donde la gente se hace llamar sabios por sus estudios, por sus profesiones y sus propiedades, pero sin embargo han blasfemado contra la naturaleza, contra la libertad y la propia vida humana. Desperté en un mundo de ignorantes. Ignorantes que no creen en la Biblia, pero sin embargo la misma dice: “mi pueblo perece por falta de conocimiento”, y a mi entender no se equivoca en nada. Desperté en un mundo donde no existe un Dios, pero si el calentamiento global; donde no hay creencia valida, mas lo único valido que existe es la certeza de que moriremos por nuestra propia mano. Desperté en un mundo en el que las injusticias nunca paran, y por el contrario, cada día son más. Desperté en un mundo en donde se estudian a los sabios, pero no se trata de ser como ellos; en donde se predica de buenas obras, pero no se obra de buena manera; en donde llaman ignorantes a los cavernícolas, indios, y los primeros que estuvieron en la tierra, pero sin embargo ellos no fueron los que destruyeron la tierra. La prepotencia domina nuestra humanidad, el creer que sabemos todo sin saber nada. Me pregunto yo, ¿serian ignorantes los indios por llamar la naturaleza por diferentes nombres de dioses, o nosotros por tener el conocimiento de lo que tenemos y no hacer nada bueno con ello?

Yo se que no pertenezco a este mundo en donde he venido a despertar. Solo quiero saber, ¿cómo vuelvo a mi mundo?

Fuente:
Cerebro Fucker