Unos creen y otros no creen. Unos no hablan del tema por que lo consideran sagrado y otros hablan del tema sin miedo incluso algunos se mofan. Me refiero a lo que mucho conocemos como “hablar en lenguas” conocido también como “Glossolalia”.

La mayoría de los que hemos visitado una iglesia protestante hemos estado en presencia de personas que en los momentos mas extaciantes de su celebración religiosa parecen estar hablando en lenguas antiguas y digo antiguas por que nunca he visto hablar alguien una lengua reconocible a mi oído. Les escribo por que quiero saber que piensan sobre el tema ya que a mi entender y después de una búsqueda muy elemental encuentro que este fenómeno no se limita solamente al cristianismo. Lo mismo se experimenta en rituales religiosos de culturas tribales alrededor del mundo. Lo que me lleva a pensar que quizas se le puede atribuir una connotacion divina pero no necesariamente cristiana.

En el Cristianismo, esa práctica es narrada por primera vez en la Bíblia, en el libro de los Actos de los Apóstolos, que describe el evento ocurrido el día de Pentecostes, una fecha en que judíos de varias partes del mundo se reunían en Jerusalén: partos, medas, elamitas, pueblos de la Mesopotâmia, Judéia, Capadócia, Punto, la provincia de la Asia, Frígia, Panfília y Egipto. La relación aún incluía las regiones de Libia en la dirección de Cirene, visitantes de Roma (tanto judíos como convertidos al judaísmo), cretas y árabes (Actos 2:9-11). Estos tales se maravilharam por conseguir oír el mensaje en su propia lengua o dialecto. Señal similar ocurrió en la casa de Cornélio, un oficial romano. Antes de eso, el Apóstolo Pedro tuvo una visión de que no deberían ser rechazados aquellos a quién Dios purificasse, independientemente del origen. Esta señal se muestra con propósito inverso al ocurrido en la construcción de la torre de Babel.

El fenómeno es descrito en la carta de Paulo a los Coríntios, como siendo uno de los dones ofrecidos por el Espíritu Santo.

El término “pentecostal” es inspirado en el episodio de Actos 2.

En religiones no cristianas antes del cristianismo, diversos grupos religiosos practicaban formas de glossolalia. En el Oráculo de Delfos, a silba (sacerdotisa del dios Apolo) hablaba con extraños sonidos que se suponían ser mensajes del dios. Algunos textos gnósticos del periodo del imperio romano poseen fórmulas silábicas como “t t t t t t t t n n n n n n n n n d d d d d d d…” etc. Se cree que tales serían transliterações de sonidos hechos por glossolalia.

Actualmente religiones como el Espiritismo presentan fenómenos semejantes, incluyendo manifestaciones de Xenoglossia. Fenómenos de glossolália son observados también en el xamanismo, en el vodu haitiano, en algunos grupos judaicos hassídicos y entre los sufi musulmanes.

Los años 70, el fenómeno atrajo la comunidad académica, con estudios publicados por la antropóloga Felicitas Goldman y por el linguista William Samarin. Goldman describió la ocorrência de la glossolalia en situaciones distinguidas y Samarin consideró la glossolalia no constituía una lengua per si en los parâmetros conocidos de la ciencia lingüística. Reciente investigación (2006) de la Universidad de la Pensilvânia descubrió que cuando un indívíduo produce glossolalia, el área del cerebro que controla el lenguaje no es activa, así no posee control sobre el sujeto. El fenómeno aún está siendo estudiado y despierta la curiosidad de la ciencia y del público familiar con la práctica.

A través de incontables estudios realizados por la parapsicologia, ha se llegado a la conclusión que el fenómeno de la glossolália o xenoglossia puede ser resultado de las facultades humanas, visto que pueden ser inducidos a través de hipnose, euforia, transe, etc. ; fuera de ambientes religiosos.

Los lingüistas concuerdan que la esmagadora mayoría de los fenómenos grabados y analizados no presenta un número suficiente de características de una lengua para ser aceitos como tales. (Ver, por ejemplo, William J. Samarim, “Tongues of Men and Angels: The Religious Language of Pentecostalism”, 1972, caps 4-6).

Anuncios