Los calendarios civil y religioso mayas coincidían en su año nuevo cada 52 años, cerrando un nuevo ciclo, pero estos ciclos no formaban parte de una calendario más amplio (como ocurría con el calendario azteca, la Piedra del Sol, lleno de inicios y fines del mundo, y ceremonias para evitar los unos y propiciar los segundos).

El ciclo de 52 años era una metáfora sobre la vida: abarcaba la expectativa máxima de vida de ese entonces, del mismo modo que el calendario Tzolkin, el religioso, comprendía los 260 días en que se gesta una vida humana en el vientre materno.

Los mayas no concedían el Fin del Mundo, y de haberlo hecho, no hubieran podido fijarlo con exactitud, pues su conjunto de calendarios era impreciso, y tenía un error de un día cada cuatro años.

Desde luego, los mayas fueron (y son) una cultura rica en conocimientos de la tierra y del cielo, pero las herramientas de su época les impedían fijar el futuro Apocalipsis en un día lejano del Año del Señor 2012.

La creencia en las profecías mayas acerca del fin del mundo en el 2012 son fruto de lo que podría llamar “Mayanismo”: una mezcla de estudios superficiales de la cultura Maya, el mito de la Atlántida, el New Age, pseudohistoria y pseudociencia.

La principal objeción a la fecha que, según los mayanistas, esta cultura prehispánica determinó para el fin del mundo (el 20 de diciembre de 2012) es que el calendario maya no se corresponde con el nuestro, y de hecho los mayas utilizaban dos calendarios distintos:

Tzolkin: el calendario religioso, de 260 días, heredado de otras culturas (como los aztecas), y cuya duración al parecer estaba relacionada con el embarazo y la gestación (son casi nueve meses). Tenía semanas de 13 días, y una de 20.

Haab: el calendario civil, de 360 días, más un periodo de 5 días llamado “Uayeb“, considerado de mala suerte. Aquellos que nacían entonces eran considerados como pasto de un terrible destino.

Ambos calendarios corrían paralelos, utilizados por las distintas castas de los mayas. Una vez cada 52 años, el año nuevo de ambos calendarios coincidía, lo que se consideraba un nuevo ciclo, un Giro de los Calendarios.

Los calendarios civil y religioso mayas coincidían en su año nuevo cada 52 años, cerrando un nuevo ciclo, pero estos ciclos no formaban parte de una calendario más amplio (como ocurría con el calendario azteca, la Piedra del Sol, lleno de inicios y fines del mundo, y ceremonias para evitar los unos y propiciar los segundos).

El ciclo de 52 años era una metáfora sobre la vida: abarcaba la expectativa máxima de vida de ese entonces, del mismo modo que el calendario Tzolkin, el religioso, comprendía los 260 días en que se gesta una vida humana en el vientre materno.

Los mayas no concedían el Fin del Mundo, y de haberlo hecho, no hubieran podido fijarlo con exactitud, pues su conjunto de calendarios era impreciso, y tenía un error de un día cada cuatro años.

Desde luego, los mayas fueron (y son) una cultura rica en conocimientos de la tierra y del cielo, pero las herramientas de su época les impedían fijar el futuro Apocalipsis en un día lejano del Año del Señor 2012.

**Fuente: Blogtarot.com**