Al este de los cayos de Florida, a unos 60 km del norte de Cuba, y a una profundidad de unos 400 m, se alza del fondo marino una formación piramidal. Tiene una forma tan regular que parece ser una construcción hecha por el hombre. Su altura, tal y como indican las pantallas de radar, parece ser de unos 120 m, haciéndola comparable a las pirámides de Egipto.

Si se trata, en efecto de una pirámide, se convirtiría en una prueba más de la existencia de una antigua cultura, en la actualidad sumergida, cuyos derribados edificios, calles, muros de piedra, escaleras y monolitos se encontrarían esparcidos por los suelos marinos del Caribe y el Atlántico occidental. Serían los restos de unos asentamientos cubiertos por el océano cuando éste se alzó y el suelo se hundió, durante los cambios habidos en las tierras emergidas y el mar en el transcurso del final de la tercera glaciación, hace más de diez mil años.

No asombra, pues, que semejante hallazgo haya dado pie a numerosas especulaciones que el propio equipo que participa en esta interesante misión de arqueología submarina ha evitado alimentar sin contar aún con bases sólidas que permitan emitir un fundamentado juicio científico.

La importancia de la arqueología, en este caso submarina y prehistórica, es indiscutible. La arqueología, en general, recupera los artefactos creados por el hombre y, a partir de ellos, tras analizarlos y clasificarlos, pasa al nivel de la “industria”, de ésta pasa al conjunto  y “cuando el arqueólogo describe varios conjuntos similares, en sitios diferentes, se refiere a ellos como hablando de una cultura” . En resumen, que el correcto análisis y clasificación de los artefactos representa el punto de partida idóneo para llegar a establecer las relaciones sociales de una cultura antigua determinada, ya sea prehistórica o histórica.

Habra sido un Imperio como lo era la Antártida hace 1200 años?