Las teorías conspirativas a menudo no se toman seriamente debido a que muchas de ellas, casi por definición, carecen de evidencia verificable. Esto lleva a la pregunta de qué mecanismos podrían existir en la cultura popular que lleven a la invención y diseminación subsiguiente de teorías sin fundamento.

En búsqueda de respuestas a tal pregunta, la teoría conspirativa se ha vuelto un tema de interés para sociólogos, psicólogos y expertos en folclore desde por lo menos la década de 1960, cuando el asesinato del presidente de EEUU John F. Kennedy provocó una respuesta del público sin precedentes dirigida contra la versión oficial del caso según lo expuso el Reporte de la Comisión Warren. El informe de dicha comísión ha sido contradicho por el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos, establecido en 1976, que en su informe final concluye que el presidente John F. Kennedy fue probablemente asesinado como resultado de una conspiración.

Una visión del mundo que tiene como centro teorías conspirativas en el desarrollo de la historia se denomina en ocasiones como “conspiracionismo”. El historiador Richard Hofstadter se dirigió al papel de laparanoia y el conspiracismo a lo largo de la historia de EEUU en su ensayo The Paranoid Style in American Politics, publicado en 1964. El clásico de Bernard Bailyn The Ideological Origins of the American Revolution (1967) nota que un fenómeno similar puede encontrarse en Estados Unidos durante el tiempo que precedió a la independencia estadounidense. El término “conspiracismo” fue popularizado por el académico Frank P. Mintz en la década de 1980. El trabajo académico en teorías conspirativas y conspiracismo presenta un rango de hipotesis como base de estudio del género. Entre los principales académicos del conspiracismo se encuentran: Hofstadter, Karl Popper, Michael Barkun, Robert Alan Goldberg, Daniel Pipes, Mark Fenster, Mintz, Carl Sagan, George Johnson y Gerald Posner.

De acuerdo a Mintz, el conspiracismo denota “creencia en la primacía de conspiraciones en el desarrollo de la historia”:

“El conspiracismo satisface las necesidades de diversos grupos políticos y sociales en EEUU y otras regiones. Identifica élites, las culpa por las catástrofes económicas y sociales, y asume que las cosas serán mejores una vez la acción popular las pueda remover de las posiciones de poder. Como tales, las teorías conspirativas no tipifican una época o ideología particular”.20

A lo largo de la historia humana, líderes políticos y económicos “han sido” genuinamente la causa de enormes cantidades de muerte y miseria, y ellos en algunas ocasiones se han visto involucrados en conspiraciones mientras al mismo tiempo promueven teorías conspirativas sobre sus objetivos. Hitler y Stalin serían meramente los ejemplos más prominentes; ha habido numerosos más. En algunos casos ha habido aseveraciones desestimadas como teorías conspirativas que luego se mostraron tener alguna base en los hechos (para ejemplos, ver abajo “Conspiraciones verificadas”) La idea de que la historia misma está controlada por grandes y duraderas conspiraciones es desestimada por el historiador Bruce Cumings:

“Pero si las conspiraciones existen, ellas raramente mueven la historia; hacen una diferencia al margen de cuando en cuando pero con las consecuencias imprevistas de una lógica fuera del control de sus autores: y éste es el error de la “teoría conspirativa”. La historia se mueve por las amplias fuerzas y grandes estructuras de las colectividades humanas.”

El término “conspiracismo” se usa en el trabajo de Michael Kelly, Chip Berlet y Matthew N. Lyons.

De acuerdo con Berlet y Lyons, “El conspiracionismo es una forma narrativa particular de articular un chivo expiatorio, la cual enmarca enemigos satanizados como parte de un vasto e incisivo argumento contra el bien común, mientras que valora el chivo expiatorio como un héroe para la alarma resonante”.