La anarquía es una forma de organización política en la que nadie tiene poder sobre nadie. El anarquismo, por su lado, sería la ideología política que desea alcanzar la anarquía. Estas me parece definiciones muy unánimes, aunque lo son a costa de ser muy poco concisas. Dando por hecho que esto es algo poco deseable, muchas personas, anónimas o no, se han dedicado a lo largo de la historia a querer hacer una definición más amplia del anarquismo, entrando más en detalles, y definiendo una serie de pilares básicos que directa o indirectamente se han ido presuponiendo como necesarios para la libertad. Pero, ¿porqué es poco deseable que el anarquismo sea poco conciso? y ¿quien decide que esos pilares básicos sean realmente tan básicos?


Y es que parece muy claro que si deseamos una realidad en la que nadie tenga un poder efectivo sobre nadie, decidamos no perder el tiempo intentando determinar como las cosas “tendrían que ser” (como deberíamos actuar todos/as) y prefiramos invertir nuestros esfuerzos en desarrollar proyectos que nos ayuden a realizar nuestra libertad y cuya participación ajena sea, ante todo, voluntaria. Dicho de otro modo: construir nuestra libertad en lugar de construir “la libertad”.

Sin embargo, después de una larga historia, el anarquismo ha tenido que aguantar una constante lluvia de dogmas que se supone alcanzan el estatus de pilares básicos, y que son indiscutiblemente necesarios para construir encima de ellos proyectos verdaderamente libertarios. Esto nos ha llevado a un contexto en el que existen muchas variantes de anarquismo, con sus características propias, y que debemos suponer que podrían convivir en armonía. Esto último, no obstante, no es lo que mi experiencia me ha mostrado.

Las discusiones anarquistas se centran en una mayoría de ocasiones, en discrepancias entre variantes. Estas discusiones son eternas porque estas variantes tienen sus dogmas, y si son variantes es precisamente porque en ocasiones se oponen entre sí. Aunque existe una gran actividad anarquista que no es críticamente entorpecida por esto, opino que es un importante problema que la discusión entre anarquistas se vea limitada por esta realidad.

Cuando digo que el anarquismo es simple lo hago para defender una opinión que se sustenta en la siguiente afirmación: En anarquismo no hay lugar para dogmas, nunca. Los dogmas se suponen verdad. Y la verdad se diferencia de la opinión en que la primera se aplica a todo el mundo, mientras que la segunda se aplica a quien la comparte. Entonces, si un anarquista cree en la existencia de dogmas, cree que hay cosas que son como son más allá de la opinión de cualquiera, y por lo tanto estaría filosóficamente dispuesto a ignorar la opinión ajena. Se otorgaría pues, un poder por encima de otro ser.

Mucho cuidado con las palabras, porque hay gente que habla de verdades pero cree que las verdades son subjetivas, y otra que habla de opiniones, pero cree que hay opiniones correctas e incorrectas. Las palabras engañan, pero yo creo que existe una generalizada actitud en los entornos anarquistas por la cual hay cosas que se creen “verdad”, pilares básicos no discutibles.

Abogo pues por un anarquismo simple, en el que hayan tantas variantes como anarquistas, y en el que todo sea discutible.

Posibles ejemplos: La dogmática defensa del comunismo libertario como único método económico válido y la antipatía por las críticas al intervencionismo estatal como si estas fueran solo propias de malvados demonios neoliberales; la falta de interés en el trabajo individual y la consecuente tendencia a ver que el anarquismo empieza en las relaciones sociales, y no en la actitud que tenemos con nuestra propia persona; el reaccionario rechazo a lo no-racional a causa de una precipitada vinculación con lo místico o religioso y, porque no, un rechazo sistemático de lo místico y religioso por el mero hecho de serlo.

He escogido ejemplos variados y poco relacionados entre sí, con la esperanza de que quien me lea y se de por aludido no caiga en la autocomplacencia de convencerse de que soy un neoliberal manipulador, un anarquista teórico que se pasa el día frente al ordenador o un religioso infiltrado. Si os ha pasado, tal vez podríais probar a confiar en que la gente a veces dice lo que piensa, sin intenciones ocultas. Más que nada porque no estoy vendiendo nada y no quiero que me firméis ningún panfleto, luego no perdéis nada si al final resulta que era un demagogo manipulador y me habíais tomado en serio.

**VIA: ARGY**