Jerónimo fue un jefe de los apaches de Norteamérica. Nacido el 16 de junio de 1823 y fallecido el 17 de febrero de 1909, y su nombre en idioma chiricahua fue Goyaałé (AFI , trascrito en inglés como Goyathlay), que significa “uno que bosteza”, nombre que su padre le dio debido a que de pequeño estaba cansado con frecuencia.

En el año 1859 las tropas del gobernador militar de Sonora asesinaron a su mujer, a sus tres hijos y a su madre. Jerónimo juró entonces vengarse y se asoció con Cochise, el jefe de los apaches chiricahua. Juntos atacaron Sonora, donde murieron numerosos soldados enemigos. En los años siguientes se sucedieron los ataques a diversas ciudades mexicanas.

Al morir Cochise, su hijo proclamó a Jerónimo jefe de la tribu. No obstante, en 1876 se lo obligó a ingresar en una reserva india. Jerónimo rechazó permanecer en ese pedazo de tierra árido y se marchó a México en 1885, acompañado de un grupo de guerreros entre los que estaban Chihuahua Mangas (hijo de Mangas Coloradas) y Nachez. A partir de entonces, iba y venía entre ambos lugares, arengando a su gente para que no aceptaran estar confinados en una reserva y vivir como prisioneros.

En 1886 después de una fuga más de Jerónimo, en esta ocasión junto a aproximadamente una treintena de apaches más, se dio la orden de búsqueda y captura contra Jerónimo, enviándose 5.000 soldados (la tercera parte del ejército estadounidense de la época) y ofreciéndose una recompensa de 2.000 dólares.

Jerónimo fue encontrado en la Sierra Madre y éste decidió entregarse. Mientras los apaches (tanto seguidores de Jerónimo como los que sirvieron al ejército estadounidense) fueron enviados al fuerte Marion en Florida en donde las condiciones causaron numerosas muertes por enfermedades, Jerónimo fue recluido en la prisión de Fronteras (Sonora) en donde se conservan valiosos recuerdos en el museo que hoy lleva su nombre, donde permaneció tres años. Transcurrido este tiempo, fue trasladado a una reserva india en Oklahoma, sin que tuviese la ocasión de ver de nuevo a su pueblo. Allí pasó los últimos años de su vida, en los que fue lo que se llamaba por aquel entonces un «indio ejemplar», participando en un desfile presidencial y en la exposición universal de St. Louis. Murió a los 84 años de edad.

Por eso gritan “JERONIMOOOOOOOO”.