El expresidente de EU Richard Nixon estuvo involucrado en un escandalo llamado “Watergate”, podría decirse que empezó ya en 1971 cuando “la Casa Blanca no solamente formó el CREEP(Comité para la reelección del presidente), sino que también la Unidad de Investigaciones Especiales, conocida más familiarmente como los fontaneros, cuya misión era evitar que ocurrieran filtraciones de información confidencial hacia los medios de prensa”.

Fueron precisamente, los fontaneros quienes irrumpieron el 17 de junio de 1972 en la sede del Comité Nacional Demócrata, para fotografiar documentos e intervenir las líneas telefónicas, pero fueron descubiertos por un guardia de seguridad del edificio y posteriormente arrestados por la policía. “Fue el mismo Comité para la reelección del Presidente que le pagó a los fontaneros para que hicieran su labor.

El Comité había logrado reunir 60 millones de dólares aproximadamente, casi todo donado ilegalmente por corporaciones que simpatizaban con la campaña de reelección de Nixon. Aún con estos antecedentes, los culpables fueron procesados y encarcelados y Nixon, por su parte, calificó el asalto como un “extraño incidente”, sin hacer mayores comentarios. Pero había personas que no se conformaban con estas declaraciones, que daban por zanjado el asunto. Ellos creían que había algo detrás de todo eso. Una de estas personas era el juez John J. Sirica y los periodistas del Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward, quienes denunciaron el escándalo.

“El rastreo de evidencias hecho por el juez Sirica, un gran jurado y varios fiscales especiales, y una insvetigación televisada del Senado, encabezada por Samuel J. Ervin Jr., de Carolina del Norte, condujo directamente a la Casa Blanca” No hubo evidencia alguna que saliera a la luz pública, que el presidente Nixon hubiese ordenado la incursión ni de que hubiese estado al tanto de los planes de irrumpir en la sede del Comité Demócrata Nacional. Tal vez lo más preocupante de todo, fue descubrir que el asalto a Watergate esa solo una pequeña parte de un patrón más grande de corrupción y criminalidad, ejercido por la Casa Blanca. “Desde 1970 Nixon había ordenado a las agencias de inteligencia, espiar a sus opositores más francos, abrirles el correo, e incluso violar sus domicilios, en un esfuerzo por conseguir información comprometedora.” Tras una ardua investigación, en la que colaboraron de manera decisiva Carl Bernstein y Bob Woodward, los periodistas del Washington Post , se fueron conociendo más datos y detalles de lo ocurrido.

En abril de 1973, Patrick Gray, el director de la FBI renuncia después de confesar que había destruido varios documentos incriminatorios. A esto se le suma la renuncia de Ehrlichman, asesor especial de la Casa Blanca para Asuntos Nacionales, y H.R. Haldeman, Jefe de personal de la Casa Blanca, junto con la destitución por parte de Nixon del consejero presidencial, John Dean, lo que trae como consecuencia que Dean, pase de encubridor de la conspiración a uno de los principales narradores de todos los procedimientos corruptos hechos bajo el gobierno de Nixon y especialmente, en la campaña presidencial de reelección, no antes sin ser persuadido por el Comité de Sam Ervin Jr. Las investigaciones también revelaron que los delitos no se limitaban a la irrupción en Watergate. “Los funcionarios de la campaña se habían dedicado al sabotaje político y a otros “trucos sucios” en New Hampshire y Florida; la Casa Blanca había tenido complicidad en el saqueo de la oficina del psiquiatra Daniel Elsberg.”

En las comparecencias de la comisión, John Dean reveló que el propio presidente era conocedor de tdo este “espionaje telefónico” y que había grabado casi todas las conversaciones que habían mantenido en la residencia presidencial y en las oficinas de su partido. Asimismo, declaró que Mitchell, el ex – procurador, había ordenado el allanamiento y había tratado de encubrir la participación de la Casa Blanca, desde la cual, según su versión, había partido la autorización para que se pagara a los asaltantes por su silencio.

Pero la revelación más escandalosa de la investigación del comité de Ervin vino cuando resultó que Nixon había estado grabando disimuladamente discusiones y conversaciones telefónicas. “Las cintas grabadas fueron el fin de Nixon. Hasta aquella revelación nadie había demostrado que el propio Presidente fuera culpable, aun cuando se habían planteado preguntas acerca de sus ingresos y de los grandes gastos del gobierno en sus lujosas residencias de Florida y California hasta tal punto, que se sintió obligado a decir “yo no soy un estafador.” (Al final tuvo que pagar al gobierno casi medio millón de dólares en impuestos atrasados e intereses) Si supuestamente Nixon no tenía nada que ocultar acerca del asunto de Watergate, las cintas aclararían las dudas. Nixon se negó a entregar las cintas ni siquiera a Archbald Cox, quien era un fiscal especial, al que había prometido plena cooperación. “Cuando Cox se dirigió a los tribunales para obtener las cintas Nixon ordenó al procurador general, Ellior Richardson que lo despidiera, pero, para su crédito, tanto Richardson como su ayudante Ruckelshaus renunciaron el 20 de octubre de 1973. Entonces el procurador general hizo al presidente el favor de despedir a Cox.” Esto fue lo que se llamó la “masacre de la noche del sábado”. Cox fue reemplazado por Leon Jarowsky, quien vuelve a citar al presidente la corte. “El 24 de julio de 1974, la Corte Suprema determinó por unanimidad que el presidente tenía que entregar las cintas”.

Unos días después, una comisión designada dentro de la Cámara de Representantes presentó tres acusaciones formales contra el presidente y los más altos funcionarios: obstrucción a la justicia, abuso del poder ejecutivo y quebrantamiento de las normas constitucionales. De esta forma, empezaba el proceso del impeachement (que formula de una acusación formal contra el Presidente o algún hombre importante del gobierno), encaminado a depurar las responsabilidades políticas del presidente y de los más altos funcionarios de la administración.

Ante ese estado de la situación, Nixon decidió finalmente renunciar a su cargo , hecho sin precedentes en la historia política de EEUU, que fue comunicada el 8 de agosto de 1974, en forma oficial para toda la nación. Al día siguiente se vicepresidente Gerald R. Ford subió a la presidencia “el primero en llegar a Jefe del Ejecutivo por la ruta del nombramiento.”

Su primera decisión política fue exonerar formalmente a Nixon de cualquier responsabilidad penal en la que pudiera haber incurrido. “Nixon fue absuelto más tarde por su sucesor, pero 25 funcionarios de la administración, inclusive el Fiscal general y dos asistentes superiores de la Casa Blanca, fueron enviados a prisión. Cuatro integrantes del gabinete de Nixon fueron señalados en casos delictivos.”

Tras la resolución política del caso se conocieron nuevas actividades ilegales fomentadas desde la Casa Blanca, como la filtración de fondos para financiar el espionaje político. Incluso se llegó a afirmar que desde la Casa Blanca se había intentado atribuir al fallecido ex -presidente John F. Kennedy un plan para asesinar al máximo mandatario de Vietnam del Sur, Ngô Dinh Diem.

Ya demás está decirlo, pero el hecho de que a Nixon le cueste la presidencia la denuncia de un escándalo que bien podría haber sido encubierto en su totalidad, de no ser por la investigación efectuada, sirve de alguna forma u otra como una “lección” de toda la corrupción y abuso de poder que podía haber en un gobierno(como en el de Nixon), que muchos presidentes posteriores trataron de evitar, sin lograr este objetivo del todo, pero siempre actuando con más cautela en su pasar por la Casa Blanca. “Restaurar la credibilidad y el respeto vino a ser el más grande desafío de los sucesores de Nixon, pero por desgracia una nueva racha de crisis económicas y extranjeras dificultaría doblemente la tarea.”

**Fuente: Revista Muy Interesante y html.rincondelvago.com**

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