Que la Tierra no durará para siempre, es una verdad que nadie puede negar. Como todo planeta, el nuestro también tuvo su comienzo y tendrá su final. Si logramos sobrevivir a nosotros mismos (que de por sí, no es poca cosa) y a las amenazas de meteoritos en los que la Tierra forma parte de su trayectoria, todavía queda una tercer amenaza.

El Sol, fuente de vida y calor, conforme envejezca se irá haciendo cada vez más grande y brillante. En sus primeros 4.500 millones de años, su temperatura ha aumentado en un 40%. Si pensamos en unos mil millones de años más, el brillo del Sol aumentará otro 10%, haciendo evaporar por completo los océanos de la Tierra. La vida en este planeta se haría insostenible.

Si en vez de mil pensamos en unos 7.590 millones de años, la Tierra será desprendida por completo de su órbita y se verá atraída en un irresistible espiral que la llevará directo hacia el Sol.

El fin de la Tierra es inevitable, lo que no implica que lo sea el de la humanidad como especie. Para ese momento, se espera que los seres humanos hallamos colonizado otros planetas que cuenten con las condiciones para el pleno desarrollo de la vida.

De todas formas, aún falta mucho como para andarse preocupando.

**fuente:www.ojocientifico.com**